Monasterio Santa María

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Ahora, Santa María

Por Elena González Pérez,

Historiadora del Arte

LA VOZ DE CÁDIZ, 13.3.2012. No es cualquier cosa lo que estamos viendo en los últimos meses: los gaditanos están desarrollando verdadera conciencia sobre la salvaguarda del patrimonio. Numerosas campañas para defensa del patrimonio han llegado a un final feliz y han sido los ciudadanos de a pie sus protagonistas. Ahora, el caso más atrevido es el del Monasterio de Santa María, un grupo de poco más de diez personas comenzaron un gran proyecto para ayudar a una comunidad de monjas a restaurar su monasterio y así regresar a su casa. Y no se ha demorado la respuesta positiva por parte de la gente de Cádiz que ya han empezado a sumarse a la causa.

La mejor forma de conservar un bien patrimonial es dándole continuidad al uso para el que fue concebido porque quienes mejor saben conservarlo son sus moradoras, en este caso las monjas concepcionistas. Así, podemos asegurarnos que la intervención será respetuosa con el espacio arquitectónico y a la vez, se puedan habilitar determinadas zonas que complementen la vida de clausura con un uso alternativo siempre que sea compatible con las características e importancia patrimonial del monasterio. Esta es la mejor solución para hacer de Santa María un enclave cultural fundamental en la ciudad, abrirlo al ciudadano y al visitante, sirviendo de dinamizador del barrio para mayor potencial económico.

La asociación de Amigos del Monasterio Santa María, además de restaurar, también tiene entre sus fines promover el estudio histórico-artístico y antropológico del Monasterio. Y es que se trata del primer Monasterio erigido en Cádiz (1527) tras la Reconquista y la primera fundación religiosa de todo el Atlántico. Sus fundadores fueron los regidores del cabildo municipal de la época para que algunas de sus hijas pudieran profesar en él sin salir de la ciudad, de esta manera, jóvenes de familias gaditanas y extranjeras abrazaron la vida religiosa bajo la regla de la Orden de la Inmaculada Concepción. Desde el primer momento, Santa María fue testigo del cosmopolitismo que se estaba haciendo patente en Cádiz y se acentuaría en los siglos XVII y XVIII, estas familias serían benefactoras del monasterio y mecenas de la iglesia como demuestran sus escudos heráldicos: la familia de los de La Rosa, procedente de Tavira (Portugal), la genovesa familia Blanqueto o los Villavicencio, muy presentes en distintos puntos de Andalucía. Estos últimos fueron quienes cedieron su capilla a la Cofradía del Santo Entierro para que pudieran dar culto a sus imágenes titulares, tal como puede leerse en un documento escrito desde Guadix en 1765 y que hemos localizado recientemente. La monja más interesante de toda la historia del monasterio es, sin duda, la enigmática y controvertida Gertrudis Hore y Ley, o como ella firmaba a veces, ‘la Hija del Sol’. Se trata de la mejor poetisa de todo el siglo XVIII español, una pena que el Consistorio haya negado concederle su nombre a una calle. Desde la asociación de Amigos de Santa María se está impulsando esta figura, haciendo accesible lo que se sabe de ella como puede verse en su blog y esperemos que este conocimiento sea cada vez mas exhaustivo.

Son numerosas las especulaciones de las que ha sido objeto el monasterio, unas más acertadas que otras, pero ninguna parecía tener muy en cuenta el evidente valor patrimonial que posee. Afortunadamente ninguna llegó a cuajar del todo y por eso, ahora es nuestro momento. Tenemos una oportunidad estupenda para demostrar que, con voluntad, los ciudadanos pueden conseguir grandes proyectos: economizando con imaginación y sensatez, sin mayor interés que conservar y mantener Santa María gracias a la vuelta de la comunidad religiosa. Ahora podemos demostrar que restaurando con un criterio serio se enriquece nuestra Historia y nuestra cultura, lo cual es un atractivo singular para la ciudad entera.

Es digno de elogio que la propia comunidad religiosa sea quien, manteniendo la titularidad del edificio, esté dispuesta a compaginar distintos usos para hacer el monasterio mas cercano a la ciudad. Y es que, desde su fundación, Santa María siempre ha estado volcado en la ciudad y la ciudad en Santa María. Por ejemplo, en 1702, con motivo de la Guerra de Sucesión, las monjas tuvieron que salir hacia Medina, donde permanecieron unas semanas y a su regreso tras el peligro, fueron recibidas en Cádiz con salvas y repiques de campanas, según las crónicas. Y como dice la investigadora y amiga, Federica Morand, «…siempre las monjas intentaron guardar contacto con el exterior. No rechazaron su época, sino al contrario, formaron parte integrante de la sociedad en la que vivían…». Fueron también las concepcionistas quienes acogieron a la Cofradía del Nazareno en su iglesia (1616) y a finales del s. XVII hicieron lo propio con la Cofradía del Santo Entierro que se quedó sin sede canónica al derribarse la Ermita de San Roque donde estaba establecida.

En definitiva, es un derroche de positivismo el que sale de este proyecto y de la gente que pretende llevarlo adelante. Sería de agradecer que, esta vez, las administraciones apoyen la causa, como también la Iglesia gaditana que tanto se beneficia de la oración y sacrificio de la vida contemplativa.

 

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