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¿Por qué no invocar al Nazareno para salvar Santa María?

Artículo de opinión escrito por Frédérique Morand,

Doctora en Filología Hispánica (Universidad de París), Doctoranda en Historia Moderna (Universidad de Alcalá de Henares) y miembro de Cádiz Ilustrada

Publicado en La Voz de Cádiz, 16.06.2012

Federica Morand

El Nazareno entiende de milagros. Libró a los gaditanos de la terrible peste de 1681. Hay testigos de ello. La más famosa, Sor Isabel Garrido. Ya os estoy escuchando a todos. ¡Bah! esa historia es muy conocida. No obstante, ¿quién sabe de los lazos de parentesco de esta monja con los genoveses más afamados de la comarca cuya capilla, en la catedral Vieja, se venera bajo el titular de Jesús Nazareno? ¿Quien recuerda la santidad del padre de la ‘monja milagro’ -la que vio bajar al Nazareno- cuyo renombre tuvo eco más allá de los Pirineos? ¿Y qué sabemos de sus diligencias a raíz de la muerte de su padre, ‘El Mártir de Argel’, para su beatificación?

No hay aquí espacio para hablar de ello. Pero, a ver si somos capaces, en tan pocas palabras, dar una vuelta de tuerca a la historia siempre remachada para ofrecer mayor trascendencia al barrio y, por supuesto, a la cofradía porque no hay duda, esa hermandad es parte de vuestra identidad y varios de sus símbolos están en peligro. ¡Pues sí! La integridad del monasterio está en riesgo, por tanto, la entereza del templo en el que mora el Nazareno tampoco está a salvo.

¿Y si le invocásemos para salvaguardar Santa María? Es verdad, ¿adónde iría si las monjas se viesen obligadas a desprenderse del edificio? ¡Ojo! El Regidor está en su capilla. Y, pronto celebraremos los 400 años de su presencia en el barrio pero, su capilla está dentro de la iglesia conventual de las concepcionistas. Menudo lío.

¿Qué os parece? ¿Es el Nazareno incapaz de obrar otros de sus milagros? Si mal no recuerdo, la lista no es poca: 1681, 1693, 1702, etc. Tal vez, para demostrar de nuevo su poderío, lo que echa en falta es algún gesto nuestro. A no ser que eche de menos algunas miradas tras las celosías…

Lo cierto es la conexión ‘inmemorial’ de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno con la comunidad. Como lo sugirió Alonso de la Sierra en su magnífico libro, la falta de sitio en la iglesia de la Misericordia motivó muy probablemente el traslado de la cofradía hacia el barrio alto, en 1616. Sin embargo, la investigación emprendida -a petición de las monjas- nos permite intuir otras razones, así como atar cabos entre cofrades y concepcionistas.

Desvelar a los gaditanos los primeros frutos de una larga andanza archivística (entre ellos, el archivo de la cofradía) quizás nos ayude en la tarea que nos espera, si bien gigantesca, en absoluto imposible: Salvar el Templo en el que mora el Nazareno. La unión hace la fuerza, una frase vigente ya para aclarar los orígenes de la cofradía más respetada de la urbe atlántica.

Un día, con Lorenzo, durante una de sus visitas conventuales a Santa María, aprendemos que el genovés Esteban Blanqueto, patrono de la capilla mayor de las religiosas, interviene en el mismo momento en que la cofradía llega al templo. Entonces, nos preguntamos, ¿aquello fue sólo fruto del azar?

Gracias al paciente y detallado estudio de la comunidad, sus vivencias, sus conexiones con las autoridades de la ciudad, el increíble prestigio de su genealogía (algo parecido a las Descalzas Reales en Madrid), conseguimos entrever las relaciones de parentesco entre cofrades y monjas. Fijarnos en los nombres fue clave. En el documento de 1603, conservado en el Archivo de los Nazarenos, y en otro con fecha de 1613, descubrimos a los más afamados de sus cofrades unidos a las monjas de Santa María. Tanto ellas como ellos, desde inicios del Seiscientos, están emparentados con los letrados de la ciudad, o sea, regidores y escribanos: en 1603, el prior de la cofradía se llama Enrique Báez de Vargas y es regidor; los hermanos mayores, Juan de Espinosa, al igual que Gonzalo de Hinojosa, son escribanos.

Jerónimo de Espinosa Blanqueto, regidor perpetuo, es el sobrino del capitán Esteban Blanqueto: le sucede en el patronazgo de la capilla mayor, es cofrade y está sepultado en la capilla de los Nazarenos. Al igual que su tío, Jerónimo tenía facultad para nombrar monjas (sin dote) cada cierto tiempo. A su vez su hijo, Pedro de Espinosa Blanqueto y Hinojosa le sucedió en el patronazgo a mediados del siglo XVII y, como su padre, fue Nazareno. En 1620, Pedro Gutiérrez de Espinosa dio los 1.000 ducados de dote a su hijastra, María Blanqueto, para que profesara. A mediados del Seiscientos, fue abadesa en Santa María.

En fin, no es el lugar para explayarse sobre las afinidades tanto espirituales como de sangre entre la cofradía y el convento. Pero, sí es tiempo de volver a unirse para, de un solo bloque, formar una ‘muralla confesional’ -un ‘baluarte ciudadano’ para quien lo prefiere- con tal de que la construcción sea lo bastante fuerte para que Santa María no se derrumbe ante los ojos atónitos del Nazareno, testigo mudo de lo que sería un auténtico desastre para el patrimonio histórico de Cádiz.

 

http://www.lavozdigital.es/cadiz/prensa/20120616/opinion/invocar-nazareno-para-salvar-20120616.html

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