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entrevista a Sor María Luz Suárez, abadesa de Santa María

“La pérdida de un monasterio es una pobreza espiritual para la ciudad que lo sufre”

Hoy sábado 2 de febrero, se celebra la jornada mundial por la Vida Consagrada, que instituyó el Beato Juan Pablo II. Un buen momento para acercarnos a una de las personas que participan de esta vida, Sor María Luz Suárez, Abadesa del Monasterio y líder en la lucha por la recuperación de Santa María. A continuación transcribimos la última entrevista realizada a la Abadesa, gracias a la colaboración del periodista Jesús A. Cañas Carrillo:

Jesús A. Cañas: Ya van siete años. Un reloj que pasa entre desvelos, sinsabores y flaquezas, pero ante todo de lucha, de mucha lucha. Con el agradecimiento a la comunidad del Monasterio de La Piedad (que las acoge) y con el convencimiento de que su causa llegará a buen puerto, Sor Maria Luz Suárez, abadesa de Santa María habla sobre el monasterio y su vuelta. Un camino que se antoja menos complicado gracias a la mano tendida de los laicos, la Asociación de Amigos de Santa María que en estos días cumplen un año de trabajo como entidad a favor de las concepcionistas.

-¿Cómo viven estos siete años fuera de su monasterio?

S. María Luz: -Dentro de que somos la misma orden y que yo soy de esta comunidad del Monasterio de La Piedad, lo vivimos bien. Lo que pasa es que estamos siempre con el deseo de que aquello se recupere para volver.

-En cualquier caso estamos hablando de que no es una situación ideal

-Claro que no. Ten en cuenta que el estar esperando salir para el otro monasterio siempre te da una cierta inestabilidad, pero hay que contar con ello también. Estamos bien pero siempre programando nuestra vuelta. Eso afecta un poco a nuestra estabilidad. No es lo mismo saber que estas en tu casa a ser consciente de que vas a estar un tiempo en un sitio y luego vas a tener que dejarlo.

-A lo largo de este tiempo se han encontrado muchas trabas en el camino, ¿no es así?

-Muchas, estos siete años han sido de lucha constante: primero que salía el proyecto, luego que no; después la Junta de Andalucía, luego una empresa privada… Incluso la asociación tuvo un primer intento con un grupo de personas que se vino abajo. Son siete años en los que no hemos estado paradas, hemos estado luchando aunque no haya dado el resultado que esperábamos.

-¿Y han llegado a plantearse dejar su causa?

-Hubo un momento en el que nos lo planteamos, cuando se murió la hermana más joven, Sor Mercedes. Ella era el alma de todo. Cuando vimos que aún no habían llegado las jóvenes yo le dije al anterior obispo, Don Antonio Ceballos, que no parecía que hubiera vías para que el problema con Santa María se solucionase. Pero al poco tiempo llegaron las jóvenes y él dijo que eso era una señal de que Dios había respondido que había que seguir adelante. Desde entonces nunca más hemos decidido volver atrás, sino luchar y luchar hasta que podamos.

“Cuando llegaron las jóvenes, D. Antonio Ceballos nos dijo que era una señal de que Dios había respondido que había que seguir adelante. Desde entonces nunca más hemos decidido volver atrás”

-Esta lucha de la que habla ha llevado hasta constituir la Asociación de Amigos del Monasterio de Santa María, ¿cómo han sido los primeros pasos?

-Yo conocía a Antonio Jiménez. Él nos ayudó mucho y hacía lo que podía colaborando en el Monasterio. Fue entonces cuando pensé en que hubiera un grupito que nos ayudara y hubo un intento, sin embargo no llegó a fructificar. Fue después cuando el Padre José Luis Sibón me comentó la posibilidad de crear el grupo a partir de unas personas que él conocía y que pudieran colaborar. Así fue como surgió. De distintos puntos coincidieron todos en Santa María.

-¿Ve el regreso al Monasterio como un sueño próximo de conseguir?

-Yo pienso que sí. El regreso lo veo, ahora la proximidad dependerá de si hay dinero porque si no lo hay no se puede conseguir. En cualquier caso, tengo esperanzas porque sino no seguiría.

-Usted visita el convento cada semana, ¿cómo vive el proceso de degradación que está sufriendo?

-Me da pena verlo, la verdad. Dicen que soy muy soñadora pero yo hago la siguiente reflexión. De la ciudad se han ido muchas casas religiosas y Cádiz se ha quedado tan impávida. Eso es una pobreza espiritual, ¿usted sabe lo que es que de una ciudad se vaya una orden religiosa? Eso lo vivo muy en mi carne. Cuando veo que se cierran tantos monasterios, que de nuestra orden se están cerrando, es cuando pienso que si en vez de compadecernos cada uno pusiera lo poquito que pueda no se cerraba ningún monasterio ni se venían las ciudades abajo. Yo no pierdo ese ánimo, esa esperanza. Para todo soy muy soñadora. Igualmente creo que es muy importante que los obispos hagan lo que puedan para que no se pierda la vida contemplativa y por fomentar su amor entre el clero.

He leído lo que tradicionalmente contaban las hermanas: cuando desde los barcos, en alta mar, se veía la torre de Santa María era como sentir que Cádiz ya estaba ahí. El barrio de Santa María se llama así por el monasterio. Además, todavía está por descubrir todo lo que ha influido el convento en la ciudad.

“Creo que es muy importante que los obispos hagan lo que puedan para que no se pierda la vida contemplativa y por fomentar su amor entre el clero”

-A falta de esa investigación que comenta, si es cierto que el monasterio ha estado muy presente tanto en el barrio como en la ciudad, ¿lo siente usted así?

-Exactamente. Y las personas que lo han habitado han sido personas de mucha valía. Todos los monasterios son promotores de muchas cosas en las ciudades en las que están. Yo siempre estoy con la ilusión de que haya muchas monjas y contribuyan dentro de su vida porque pienso que es un bien para la ciudad. Aunque haya personas no creyentes, pero los conventos son fuente de cultura e historia.

-¿Teme que con los años esta presencia en el barrio de la que me habla pueda diluirse?

-Los habitantes de Santa María ya no son los de antes porque el barrio se ha rejuvenecido. En cualquier caso, muchas personas del barrio nos dicen que a ver si volvemos pronto. Otras no porque hay mucha crisis y no se plantean esa necesidad. En cualquier caso pienso que cuando esté allí la comunidad ese nexo entre el barrio y las concepcionistas volverá a resurgir con vitalidad.

-La lejanía también se experimenta con una gran devoción de Cádiz, como es el Nazareno, ¿cómo se vive esta ausencia?

-Sobre todo en Semana Santa se siente mucho. Nosotras lo sentimos y en la cofradía también ocurre porque cuando el Señor salía era las monjas las que cantaban cuando salía y las que lo recibían a la vuelta. Mucha gente nos los dice: “Desde que ustedes se fueron aquí falta algo”. Se hace sentir esa ausencia. Creo que nosotras lo padecemos y el barrio también. Falta como el alma, no se entiende al Nazareno sin las monjas. Y de hecho toda la gran devoción del Nazareno (por el milagro de la curación de la epidemia de peste) tiene su origen en Sor Isabel de Jesús que fue la que, estando en oración, la que le vio bajar de su camarín y salir a la calle.

“Mucha gente nos dice: ‘Desde que ustedes se fueron aquí falta algo’. Nosotros padecemos la ausencia y el barrio también. Falta como el alma, no se entiende al Nazareno sin las monjas”

-Durante este año, los Amigos del Monasterio de Santa María han realizado distintas actuaciones sobre el edificio, ¿cuál cree ahora que es la prioridad?

-La prioridad es ese pequeño monasterio que luego será hospedería. Eso hará posible que podamos volver. Hay que hacer algún lugar habitable para que podamos estar allí. Es una prioridad para todo que nosotras estemos allí. El hecho de estar allí evita el transtorno de estar yendo y viniendo.

-El proyecto del monasterio contempla una permeabilidad con su barrio y la propia ciudad, ¿hasta qué punto es compatible esto con una vida de clausura?

-Para nosotras la idea es que la hospedería sea monástica, algo que tiene mucha tradición en la Iglesia. Igualmente, hay muchas comunidades que tienen museo y dedicándole unas horas al día es posible. El museo lo veo especialmente importante porque implica conservar y difundir la historia de todo el monasterio, que no se pierda. Además sería fuente de cultura para el visitante. Pienso que esas cosas no solo no restarán sino que sumarán a la vida contemplativa.

Entrevista publicada en el blog del autor “El observador gaditano”

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