Monasterio Santa María

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La clausura al descubierto

El monasterio de Santa María abrirá las puertas para enseñar el trabajo realizado y las obras pendientes
Pablo-Manuel Durio cádiz | Actualizado 03.08.2014 – 01:00

¿Qué son ocho años de ausencia comparados con casi cinco siglos presentes? Las monjas de Santa María hace ya tiempo que se fueron de su casa, pero aún se las puede sentir por los pasillos de un monasterio que a duras penas resiste en pie el paso del tiempo y el olvido de las administraciones. Uno entra en el refectorio y parece ver a una religiosa en el púlpito de madera de caoba del siglo XVII leyendo la Biblia mientras el resto come. Sube la escalera y cree estar viendo a otra religiosa en su pequeña y austera celda que dispone de una cama, una mesita de noche y otra mesa de estudio, todo con paredes blancas y con las maderas con pintura de aceite color gris, como la que se usaban para los barcos. Y es que aunque se cumplen ya más de ocho años desde que las concepcionistas abandonaran el monasterio de Santa María, las paredes, los patios, las habitaciones de ese histórico y monumental conjunto de edificios tienen impregnados el blanco de los hábitos de las religiosas.

Ese espacio de clausura se va a abrir ahora a las visitas, gracias a la iniciativa que ha tenido la asociación Amigos del Monasterio de Santa María para mostrar las obras que se están realizando y que están pendiente de hacerse y para recaudar así también algunos beneficios con los que poder seguir llevando a cabo ese encomiable trabajo de recuperar el histórico convento.

La visita se ha programado a lo largo de un recorrido que permite conocer la realidad del monasterio, su historia y su presente, salvaguardando aquellas zonas que pueden suponer algún peligro al visitante por su mal estado o que las monjas han querido seguir conservando como espacios íntimos. Aunque se podrán ver otros hasta ahora desconocidos, como una de las celdas que usaban las religiosas del convento.

De un lado al otro del monasterio confluyen siglos de diferencia. Y es que como indica el historiador Antonio Ramos, miembro de la asociación, Santa María es un puzzle en el que van encajando las obras, reformas, ampliaciones y también pérdidas que se han sucedido desde 1527 hasta la actualidad.

El denominado Patio del Olivo marca el inicio. Allí, a la sombra del árbol centenario que da nombre a ese espacio -“que estaba prácticamente muerto y una empresa de El Puerto logró recuperarlo” y que se cree “que es de la misma época que el drago del Tinte”, según cuentan los miembros de la asociación- se levantó el primitivo convento en 1527. Ese patio, que colinda con la calle Mirador y al que se accede mediante un local que las monjas cedieron a Talleres Velasco durante muchos años, está hoy prácticamente derruido.

En el patio del Olivo comienza un recorrido descendente en altura a través de la denominada sacristía interior, donde las monjas preparaban todo lo necesario para que el sacerdote oficiara los cultos en la iglesia, bajando al claustro principal, en torno al que se reparten las principales dependencias en la vida de las religiosas. Una característica destacada del claustro: en el primer piso las celdas de las religiosas dan todas directamente al patio, y no a un pasillo, como suele ser lo normal.

Quizás el símbolo de la decadencia del edificio sea el refectorio. Lo que en su día debía ser una amplia estancia repleta de religiosas sentadas a unas largas mesas de madera es hoy una sala apuntalada, con parte del techo desprendido.

Esta imagen del presente del edificio empaña quizás el peso y el valor que atesora, y no solo en el apartado histórico. El mármol en suelos, escalones y columnas; o la caoba y otras nobles maderas en barandillas, mesas o sillas hablan por sí solos de la valía de este conjunto. Los buenos materiales permanecen casi impasibles al paso del tiempo, al deterioro propio de los años o a la ausencia de vida actual. Y desde la asociación señalan que una de las premisas del proyecto de rehabilitación en el que están trabajando es que “todo aquello que sea recuperable se va a incorporar”, garantizando así la valía arquitectónica del conjunto.

En un nuevo descenso en altura alcanzará el visitante la zona denominada Casa del Capellán, que centra actualmente los esfuerzos de la asociación y de las religiosas. La intervención en este pequeño espacio va a permitir crear un pequeño convento al que podrán regresar las concepcionistas. Nos encontramos ya en el otro lado del monasterio, en la parte posiblemente más moderna, la que colinda con Teniente Andújar, por donde en los últimos años se accedía desde la calle al torno o al locutorio.

Aún podrá el visitante conocer también en esta clausura abierta excepcionalmente por las monjas la llamativa escalera principal, que comunica con el coro bajo (desde donde le cantaban cada año al Nazareno), el coro alto y las cubiertas. Estas últimas sí serán accesibles, mostrando desde las alturas el esplendor del monasterio, su configuración y unas espectaculares vistas de la ciudad.

Casi cinco siglos de historia, de presencia de concepcionistas en la ciudad, de monjas de clausura recorriendo los pasillos y dependencias de Santa María se muestran ahora a la ciudad, evidenciando el deterioro de un imponente conjunto arquitectónico por cuya rehabilitación suspira una asociación de laicos, para que la ausencia de casi ocho años ya de las religiosas sea solo una línea entre tantas páginas de historia que esconde cada rincón de este convento.

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