Monasterio Santa María

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El Monasterio

Santa María del Arrabal es la fundación monástica más antigua de Cádiz, data de 1527 y fue realizada por una comunidad de monjas de la Orden de la Inmaculada Concepción, tal como se relata en la escritura de cesión de la antigua ermita de Santa María para tal fin, la cual estaba situada en el arrabal al que la propia ermita daba nombre. Fueron los miembros del cabildo municipal quienes dieron el impulso definitivo para el establecimiento de esta primera comunidad religiosa que rápidamente acogieron a damas gaditanas.

Desde 1527 hasta nuestros días, se han sucedido muchas etapas en este monasterio. Muchas hermanas han entregado su vida y han presenciado y experimentado muchos acontecimientos.

Cuando llevaban en Cádiz sesenta y siete años, en 1596, la ciudad es asediada por los ingleses y ellas tuvieron que abandonar su monasterio, que quedó junto con la Iglesia, practicamente en ruinas.

Unas cuarenta monjas que abandonan pesarosas el monasterio y que regresan al año siguiente a su claustro y celdas,aunque estén medio destruidas.

Nuevamente en 1702, con motivo de la Guerra de Sucesión, las concepcionistas de Santa María, tienen que salir y embarcar hasta Chiclana, para desde allí continuar hasta Medina, donde permanecerán unas semanas -entonces eran 58 hermanas- y regresarán al monasterio después del peligro, siendo recibidas en Cádiz, con salvas y repiques de campanas -según cuentan las crónicas-.

Vuelve el peligro en 1705. Y vuelven a verse obligadas a salir del monasterio en 1797, en 1810, en 1868 y en 1873.

Y así les llega el siglo XX con nuevas y sorprendentes pruebas. En 1931, cuando se proclama la segunda república en España, se ven forzadas a salir del monasterio que fue pasto de las llamas. Desde Mayo hasta Agosto de 1831 estuvieron privadas de vivir en su convento. Hasta la guerra civil española, que nuevamente las saca del monasterio, el 12 de Febrero de 1936. Se producen destrozos que no pueden ni llegar a valorarse. El monasterio y la iglesia quedaron en verdadera ruina. Sus hermanas del Monasterio de la Piedad, las acogen mientras se realizan las reparaciones. La explosión del año 1947, también afectó al monasterio, en el que quedó casi demolido el refectorio.

Y llegamos al siglo XXI, en el que nuevamente las hermanas del monasterio de Santa María han tenido que ser acogidas en el Monasterio de la Piedad, desde el año 2006 porque el estado ruinoso en el que se encuentra el convento hace insalubre y peligrosa la vida entre sus muros.

En todos estos siglos de historia, algún nombre importante para la literatura y para la cultura de Cádiz está vinculado a este monasterio concepcionista. En efecto, entre los muros de Santa María, una monja, Gertrudis Hore, hija de irlandeses residentes en la ciudad de Cádiz, se destaca como poetisa. Es llamada la “Hija del Sol” y se hizo famosa entre los escritores románticos por su proyección humana. En el convento es Sor María Gertrudis de la Cruz Hore.

Patio menor:

casa del capellán
(foto anterior a la marcha de la comunidad)

Su construcción se corresponde con la ampliación definitiva de las dependencias conventuales llevada a cabo en 1631, momento en el que se decide cambiar la puerta de acceso al monasterio desde el Campo del Sur a la parte baja del mismo y así estar mejor conectado al barrio y a la ciudad. En el centro de su planta cuadrangular se ubica un brocal de pozo realizado en mármol con sencillo herraje que nos indica la existencia bajo él de un aljibe.

Claustro:

claustro mayor

Levantado en 1631 por Gabriel del Valle y Juan de Cuadros, es la pieza fundamental del recinto monacal y su construcción supuso un cambio definitivo en la organización del edificio. Los arcos presentan al exterior molduras geométricas de tipo manierista y sobre ellos corre un friso dórico que dispone triglifos sobre las enjutas y claves de los arcos. El conjunto se remata con una cornisa protegida en su parte superior por una hilera de teja árabe.

En la zona central se disponen dos brocales de pozo fechados en 1760. son obras de mármol blanco decorados con grandes pinjantes en sus frentes y con arcos de forja, uno de ellos de compleja decoración. Es evidente que bajo ellos se disponen al menos dos aljibes, como consta documentalmente. Además los brocales dieciochescos hay un gran brocal cilíndrico de mármol blanco fechable en el s. XVII, contemporáneo a la construcción del claustro.

Cocina

Se sitúa junto al refectorio, su construcción obedece también a la ampliación de 1631. A pesar de tratarse de un espacio concebido con la funcionalidad que requiere su destino, ofrece un interés extraordinario por conservar íntegros el fogón y chimenea originales, que se disponen ene l centro del ámbito, repitiendo su planta rectangular en un esquema que remite a modelos de tradición medieval. Sobre un alto fogón rectangular se disponen cuatro columnillas toscanas de mármol blanco sobre las que descansa el tiro de la chimenea que pasa a través de las dependencias superiores hasta la azotea.

cocina

Sacristías

Esta zona se forma por dos áreas bien diferenciadas, una sala exterior para que el oficiante pueda revestirse y disponer los elementos litúrgicos necesarios para el culto religioso. La otra sala forma parte de la clausura y es usada exclusivamente por la comunidad y sirve para custodiar y preparar los ornamentos sagrados del culto.

sacristía de la clausura

En la sacristía exterior podemos apreciar interesantes muebles litúrgicos como el extraordinario aguamanil ejecutado en mármol blanco por Cayetano de Acosta. Se trata de una espléndida pieza rococó que se cuenta entre las más valiosas de su género en Andalucía. Los portajes y el torno también corresponden a este período. En el centro de la sala se dispone una mesa de mármoles italianos con embutidos que forman motivos geométricos.

Miradores y azoteas

Estos elementos constituyeron, junto a la desaparecida huerta, zonas fundamentales en los contados períodos de esparcimiento en la austera vida moncal. El emplazamiento de este monasterio permitió obtener las máximas ventajas de las azoteas, ya que desde ellas se puede contemplar tanto la Bahía como el mar abierto. La zona de mar abierto, denominada mar de vendaval, necesitaba de mayor protección y por ello se recurrió a un elemento habitual en la arquitectura conventual femenina: el mirador.

vista de la Bahía desde la azotea

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