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Monjas Concepcionistas

¿Quién vive aquí? Las monjas de la Orden de la Inmaculada Concepción. Han vivido desde 1527 en Cádiz, en el Barrio de Santa María y queremos que sigan estando entre nosotros en el estrenado tercer milenio. Su presencia es  consuelo, es aliento, empuje, fuerza…reflejo de la vida de María Inmaculada en la ciudad de Cádiz.

Las monjas de la Orden fundada por Santa Beatriz de Silva, una mujer noble del s. XV, dama de la Corte de la reina Isabel de Portugal, que abandonó la vida de la Corte para dedicarse en cuerpo y alma a Dios, después de haber sido bendecida con una experiencia espiritual de especial vinculación mariana. Ciertamente Beatriz acoge en su vida la vida de María Inmaculada, para identificarse con Ella en su entrega y consagración total y definitiva a Dios. María será su compañera, la madre, el modelo con el que corformar su propia vida. Sí, su vida sería una prolongación de la vida de María.

Comenzó en Toledo, viviendo en el Monasterio dominico de Santo Domingo el Real. Allí estuvo como seglar durante treinta años en los que fueron fraguándose en su corazón los ideales y proyectos de la futura Orden. La misión que la Virgen le había encomendado, la empezaría a poner en pie en una casa de Toledo, que le cedió la reina Isabel la Católica, a la que se traslada con otras compañeras que se habían entusiasmado también con el proyecto de María Inmaculada, que les había trasmitido y contagiado la misma Beatriz.

Aquella Orden de la Inmaculada, quedó aprobada por la Iglesia en 1489, finales ya del siglo XV. Beatriz murió, pero su obra fue consolidándose y extendiéndose por diversos lugares. Y es precisamente en los comienzos de la fundación, cuando Cádiz solicita una presencia religiosa consagrada en la ciudad. Principios del s. XVI, cuando un grupo de regidores integrantes del cabildo secular de aquel tiempo, solicitan al Sr. Obispo que les de permiso y licencia para fundar un monasterio en Cádiz y así las jóvenes que siguiendo la llamada de Dios quieran consagrarse de por vida a Él, no tengan que salir de su tierra.

Fueron un grupo de monjas de Toledo las que llegaron a la ciudad y se establecieron en la Ermita de Santa María del Arrabal. Apenas habían pasado treinta años de la aprobación de la Orden. Y desde 1527 hasta nuestros días, esta comunidad de monjas tiene mucha historia entre sus crónicas, muchos percances sufridos y vividos, mucha santidad entre sus muros, muchos avatares en los que Dios y la Virgen les han ido acompañando año tras año, siglo tras siglo.

Con las continuadoras de la obra de Beatriz de Silva en Cádiz, se abre paso una nueva forma de vida religiosa en la Iglesia. Una Orden antigua y entonces nueva, que vive el seguimiento de Cristo con un carisma en cuya forma de vida se plasma y refleja el “honrar a la Inmaculada Concepción”.

Por Pilar Macarro Sancho

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