Monasterio Santa María

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Espiritualidad

Las monjas de Santa María, viven la experiencia espiritual de Santa Beatriz de un modo particular: Desposándose con Jesucristo nuestro Redentor, desde la celebración y recuerdo del misterio de la Inmaculada Concepción de María. Desposarse con Jesucristo Redentor supone un compromiso íntimo y profundo de seguimiento en la vivencia del Evangelio, teniendo como telón de fondo la veneración del misterio de la Inmaculada Concepción.

Ellas, las monjas de Santa María, viven teniendo el Espíritu del Señor, esto es, intentando vivir el espíritu de las bienaventuranzas. Deseando vivir, como vivió Jesús y María, en total sintonía con el plan de Dios sobre la propia persona y la historia. Vivir desde estas actitudes sólo se consigue con “pureza de corazón y oración devota”, fiel y constantemente.

La vida de las monjas de Santa María es una celebración y veneración constante, al ritmo de las horas, traduciendo desde la oración, la fraternidad y el trabajo las actitudes de María en el seguimiento de Cristo.

Ellas tienen un carisma contemplativo de continua oración. “Iluminadas por el ejemplo de Santa Beatriz, las Hermanas concepcionistas, intentan vivir en la contemplación y en la unión con Dios por la oración. Como María guardan fielmente en su corazón y en su vida la Palabra de Dios”.

Viven en común, en fraternidad y en perpetua clausura. Clausura, que además de ser un signo de separación con el mundo, es, sobre todo una sabiduría que nace de la cruz y se manifiesta en el ocultamiento de la vida escondida con Cristo en Dios”.

Estas frases y palabras entre comillas, están sacadas de sus propios documentos, donde ellas tienen como el más preciado de sus tesoros, la Regla de vida con la que deben distinguirse.

A ritmo de campana monacal, se levantan, cuando aún es de noche, para comenzar su jornada de oblación, orando, cantando y acompañando desde el claustro los dolores y los gozos del mundo y llevándolos a la presencia de Dios. Celebrando la Eucaristía y dedicando las horas de la mañana al trabajo en la costura, el obrador, la limpieza, la cocina…todo hecho, al estilo de María, con sencillez y humildad, llenando de gracia cada rincón del monasterio.

Y vuelta de nuevo a la oración, su principal oficio y ocupación. Ellas levantan las manos a Dios en nombre de la humanidad y nos muestran con su vida, cómo Dios es lo primero, el absoluto de la existencia.

Por eso, entrar en Santa María es recordar que allí hay un grupo de mujeres que nos recuerdan que lo primero es Dios y que sin Él nada tiene sentido.

Por Pilar Macarro Sancho


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